Energía Zongqi

El hombre recibe, en el momento de su concepción, por aporte genético a través de la unión del óvulo y espermatozoide, un «legado energético». Esta energía (cualitativamente la más importante del ser humano) lleva el nombre de energía ancestral, heredada, genética, cromosómica o Zongqi y va a ser la responsable de todos los cambios bioenergéticos y bioquímicos del organismo a lo largo de la formación del feto y posteriormente (con el concurso de otras energías —Yuan Qi—) de todas las modificaciones biofísicas del ser.
Esta energía se va a manifestar, de una manera periódica, una vez producido el nacimiento, por impulsos de desgaste fisiológicos, siendo de siete en siete años para la mujer y de ocho en ocho
para el hombre. Estos impulsos periódicos son los responsables de los cambios más aparentes, de bebé en niño, de niño en púber, de púber en adulto..., según describe el Nei Jing Su Wen. Esta energía primaria ancestral es como un capital heredado, no susceptible de ser ampliado ni revalorizado y sí de disminuir, sin embargo, a impulsos periódicos como hemos visto.
Este potencial energético, que vamos gastando ineludiblemente y que no puede ser retenido, ha sido motivo de estudios profundos, en la antigua civilización china, por parte de los grandes maestros taoístas, que pretendieron a través de técnicas de autorrealización, psicosomáticas, filtros y acciones químicas, conseguir el Qi necesario que permitiera retener la energía ancestral evitando su desgaste. Los posibles hallazgos en este campo se mantuvieron en círculos herméticos y no han trascendido más que en forma de leyendas populares sobre los llamados «inmortales». Incluso históricamente se describe el sometimiento de algunos emperadores a la prueba de ingerir filtros de inmortalidad
preparados por los maestros taoístas. Indiscutiblemente y dejando conjeturas esotéricas, los estudios estadísticos sobre esperanza de vida en relación con la edad de sus antecesores avalan, de alguna manera, esta peculiaridad de potencial hereditario.
A partir de esta concepción primaria, veremos que un fin permanente del ser humano y sus sistemas energéticos será evitar el desgaste no fisiológico del capital heredado (energía ancestral), aportando para ello energías complementarias o de apoyo que salvaguarden la energía «Tesoro». Del éxito de esa empresa dependerá la duración de la vida y la pureza y potencia de los cambios fisiológicos periódicos, en una palabra el «hermoso florecer de la vida».