La auriculoterapia

La auriculoterapia es la utilización del pabellón auricular con fines terapéuticos.

Aunque sorprendente, este empleo de la aurícula se explica por la inervación, muy rica y las múltiples conexiones que presenta con el sistema nervioso central.

Efectivamente, ofrece una organización somatotópica parecida a la que se encuentra, por ejemplo, a nivel de la circunvolución frontal o de la parietal ascendente. Sobre el pabellón se proyecta la imagen del cuerpo. Es muy similar a la de un feto, cuya cabeza se halla en la parte baja de la oreja, a nivel del lóbulo, mientras que las manos y los pies se localizan en la parte superior de la aurícula.

Debido a este ordenamiento, cada punto del cuerpo posee una correspondencia auricular. Esta correspondencia no puede ponerse en evidencia en el caso de un sujeto sano. Se establece solamente cuando una región del cuerpo pierde su equilibrio fisiológico y su punto de proyección en la oreja se hace doloroso y puede detectarse así.

Esta detección permite una terapéutica que consiste en estimular los puntos dolorosos del pabellón mediante agentes reflejos físicos (masaje, cauterización). Gracias a un mecanismo reflejo, se obtiene una modificación de las perturbaciones que se presentan en la periferia, siendo estas el origen del o de los puntos dolorosos de la oreja.
Esta es por tanto, a la vez un gran panel en el que uno observa y un lugar de mando gracias al cual se puede actuar sobre la enfermedad.

HISTORIA DE LA AURICULOTERAPIA
En la antigüedad ya se conocían en el pabellón auricular y en sus partes externas e internas, regiones que se estimulaban en el curso de ciertas enfermedades

Hipócrates en el siglo IV A.C., señalaba, en sus escritos sobre la "generación", (párrafo 2 de la edición de 1851, traducida por Littré) que aquellos que han sufrido incisiones al lado de las orejas practican verdaderamente el coito y eyaculan, pero su eyaculación es poco abundante, inactiva e infecunda"
Hipócrates


En la obra "de los aires, las aguas y los lugares" (párrafo 22, edición 1840), el mismo Hipócrates describe en el capítulo: "De los Escitas y de su frecuente impotencia"… "se tratan de la manera siguiente: al principio del mal se abren la vena situada detrás de una u otra oreja. Cuando corre la sangre, la debilidad excita al sueño y se duermen, despertándose después, unos son curados y otros no. Pero este mismo tratamiento me parece que altera el licor seminal; puesto que detrás de las orejas hay venas que, al cortarlas, privan a los que han sufrido esta operación de la facultad de engendrar; o bien, son aquellas venas las que me parecen cortar"

Pero Hipócrates no da precisiones sobre las regiones que se trataban

A lo largo de los siglos, volvemos a encontrar ensayos empíricos para curar a los enfermos a través de la oreja. Estos ensayos se publican raramente (y sobre todo por los médicos); sin embargo autores tan apreciados como Valsalva en 1717 en su libro "Del aura Humana Tractatus" precisa, en las páginas 11 y 12 del párrafo 15, la región del pabellón auricular que se quemaba en el caso de los dolores de muelas:

"Hay otros nervios que van hacia la oreja; en efecto, entre la primera y la segunda vértebra del cuello, sale un nervio que (no sin un designio oculto de la naturaleza, parece ser) desciende primeramente a dos traveses de dedo y más allá se curva hacia arriba; partiendo casi del propio ángulo de la curva, envía ramificaciones a los músculos del cuello, a la mandíbula inferior y a la parótida; otra ramificación se adelanta hacia la oreja y muy cerca de esta se dirige a la parótida por medio de otra prolongación y, progresando detrás de la propia oreja, hacia la parte superior de la cabeza, envía finalmente una ramificación a la parte posterior del antitrago, ramificación que a continuación sube por toda la parte posterior de la oreja. Ahora bien, esta ramificación es la que es ligeramente quemada por algunos médicos para calmar la odontalgia; en cuanto al punto exacto de esta ramificación y, por lo tanto, de la cauterización, como no he visto muchos autores que lo indiquen claramente y, además, en esta operación creo que muchos no tocan el modo alguno cauterizando por medio del fuego el lugar en cuestión, me ha parecido oportuno mostrarlo en forma sucinta. El cirujano debe, pues, por detrás del antitrago y transversalmente a la oreja aplicar un hierro caliente de cuatro líneas de longitud, puesto que el nervio está con toda seguridad incluido en este intervalo. Por otra parte, un pequeño espesor es suficiente, y no hay que quemar con mayor profundidad que hasta el cartílago".
Los años centrales del siglo XIX estuvieron particularmente marcados por experiencias clínicas sobre la oreja, que suscitaron una cierta moda en los medios médicos europeos. Numerosas publicaciones testimoniaron el interés suscitado por estos ensayos y resultados clínicos. Un médico tan distinguido como el profesor Malgaigne del Hospital Saint-Louis de París no dudó en utilizar en su servicio la cauterización de algunas partes del pabellón auricular. Se trataba en la mayoría de los casos de aliviar la neuralgia ciática y los resultados obtenidos eran en este caso especialmente espectaculares. Pero no se dio ninguna explicación válida a estos fenómenos y, a causa de esto y a pesar de los resultados, los médicos acabaron por desinteresarse.

Hubo también la intervención desfavorable de Duchenne de Boulogne que, en su "Tratado de la electrización localizada", página 899, escribía en 1855:

"Si la neuralgia ha estado en estos últimos años al orden del día en el mundo médico, se debe a la intrusión en la terapéutica de un método tomado de la medicina veterinaria, es decir la cauterización de la hélice de la oreja como tratamiento de la ciática"

Y en esta misma exposición, más adelante:

"Comprendo difícilmente que se haya dicho que la cauterización auricular curaba al tercio de los enfermos ciáticos".

En otros textos, Duchenne de Boulogne da una explicación de los resultados favorables observados. Para él, el efecto comprobado se debería a la acción terapéutica que puede provocar todo dolor vivo y repentino; en este caso, la localización en el pabellón de la oreja no tendría ningún papel y cualquier otra cauterización hubiese sido igualmente eficaz.

En mi opinión, hay contradicción en ese razonamiento. Duchenne de Boulogne parece admitir la correspondencia auricular en la experimentación animal y rechazarla "a priori" en el ser humano.

Desde que me intereso en la auriculoterapia, se me han hecho varias relaciones, en efecto, referentes a la auriculoterapia de la ciencia veterinaria. Todas se refieren a costumbres pueblerinas en el tratamiento de ciertos animales (cauterización del pabellón de la oreja en los cerdos o colocación de anillos de cobre, torsión de la oreja en los caballos para impedirles cocear, etc.)

En diferentes países y sobre todo en la cuenca mediterránea, han existido desde siempre tratamientos empíricos que se aplicaban a los animales y también a los seres humanos. Los estímulos se realizaban en general por medio de cauterizaciones hechas con piezas metálicas calientes recurriendo al herrero los afectados a ciertos dolores.

Se trataba de "recetas" transmitidas de generación en generación y que interesaban a cuatro o seis puntos como máximo reconocidos entonces como eficaces. No existía, sin embargo, ninguna relación lógica entre los puntos tratados; ningún método racional los unía fuera de la receta conocida y aplicada. Si se escudriña en los viejos tratados de acupuntura tradicional china se descubre en la oreja, algunos puntos aislados. Parecen estar unidos a los trazados que se encuentran en el cuerpo y que se llaman meridianos y no a una cartografía organizada.