El Pabellón y la imagen fetal

LA EMBRIOLOGIA COMO JUSTIFICACION DE LA AURICULOTERAPIA

El conjunto de proyecciones reflejas en el pabellón auricular constituye lo que llamamos una somatotopía. Ya en los antiguos libros chinos se mencionaba una cartografía, si bien muy rudimentaria.

El descubrimiento en el año 1952 por el Dr. Noguier de la existencia de puntos especiales en la oreja, susceptibles de ser explotados con una finalidad tanto diagnóstica como terapéutica, vino a crear el cuerpo de doctrina que conocemos con el nombre de auriculoterapia.

La distribución de los diferentes puntos viene a configurar una cartografía en la cual puede encontrarse un cierto parecido con las estructuras anatómicas de un embrión humano. Es una imagen que se ha difundido prácticamente por todo el mundo:

El parecido entre ambas imágenes es asombroso. Las zonas que corresponden a las distintas partes corporales tienen proporciones similares: la zona de la cabeza ocupa una gran extensión, el brazo y la pierna ocupan porciones más pequeñas. Las zonas correspondientes a los órganos están colocadas análogamente a como lo hacen en un embrión, con (por ejemplo), la zona cardiaca en el territorio cervical y el hígado en el centro de la topografía auricular.

Pero aparece una circunstancia extraordinariamente importante: tiene lugar una sistematización totalmente coherente, por la cual observamos que las proyecciones de estructuras derivadas de las diferentes hojas embrionarias ocupan unos territorios determinados en el interior del pabellón auricular.

La imagen refleja del sistema nervioso, (ectodermo), de los músculos, huesos y vasos sanguíneos (mesodermo), y por otra parte las vísceras ocupan tres regiones separadas de la oreja. 

Exactamente igual ocurre en el embrión: las denominadas células del crecimiento (capa germinal) se hallan todas en los estadios embrionarios precoces separadas unas de otras. Posteriormente van a dar lugar al desarrollo especializado de las hojas embrionarias que conocemos con el nombre de Ectodermo (sistema nervioso y piel), Mesodermo (tejido conjuntivo) y endodermo (vísceras). En el año de 1983 el investigador noruego B.J. Overbye se planteó la cuestión de si sería interesante calcular a que edad del desarrollo embrionario podría corresponder la cartografía difundida por Noguier. 

El primer problema que se le planteaba era establecer una técnica geométrica que permitiera una exacta localización de los puntos. El método de Noguier establecía una relación con el punto cero, considerado como punto de partida de un conjunto innumerable de radios de una circunferencia ideal.El punto cero sería como la representación del ombligo en el embrión. Se realizaron muchas mediciones, tanto en la oreja como sobre imágenes en embriones, que no condujeron a ningún resultado.

Entonces Overbye pensó que normalmente se localizan los órganos mediante su relación con las diferentes etapas de la columna vertebral. Podría utilizarse la misma relación en la cartografía auricular. El investigador noruego comenzó por estudiar la localización de los órganos internos, tomando como punto de referencia que la proyección refleja de la columna vertebral es el antihelix. Y así pudo determinar que por ejemplo la zona auricular que se halla en relación con el pulmón estaba situada a la altura de las cervicales segunda y tercera. El hígado ocupaba una extensión que alcanzaba desde la zona cerebral hasta la tercera vértebra dorsal. 
La columna vertebral en la oreja

Y ello le permitió localizar aproximadamente 30 puntos diferentes en la cartografía auricular, así como su relación con la zona de la columna en el antehélix.

Entonces se trataba de realizar mediciones similares respecto a la localización de órganos y partes corporales sobre embriones de diferentes edades, con la esperanza de encontrar una adaptación perfecta.

La tabulación de los resultados de estas mediciones mostraba de una forma totalmente clara y precisa que no había ninguna edad embrionaria que mostrara una relación exacta con la carta auricular.

Había que deducir que la imagen presentada por Noguier no correspondía a un momento estático del desarrollo embrionario y que por lo tanto no mostraba un único embrión, sino partes de diferentes embriones en diferentes estadios de evolución.

Entonces surgió el gran interrogante: ¿Qué significaban los diferentes periodos tabulados? ¿Por qué la zona pulmonar se hallaba colocada en la carta como los pulmones reales en un embrión de 30 días?

Oberbye encontró la respuesta: A los 30 días el pulmón se hallaba ya formado. La clave era, pues, el concepto de que los puntos y zonas de la topografía auricular estaban colocados de una forma análoga a como los correspondientes órganos y partes corporales se van a desarrollar en el embrión.

La topografía auricular vendría a ser como una película del desarrollo embrionario. Tal vez aquí podría encontrarse una explicación de la aparentemente absurda localización de las proyecciones de la extremidad inferior, situadas en la fosa triangular, y la situación de la zona renal por encima de la proyección de los pies, en el repliegue del hélix.

La siguiente pregunta que surgía era: ¿Por qué la cartografía auricular era una película dinámica del desarrollo embrionario y no solamente la imagen estática de una determinada edad? La respuesta la encontró en el propio desarrollo embrionario en la misma oreja.

Mediante el examen de numerosas fotos de embriones en diferentes estadios de desarrollo Overbye encontró que existía un sincronismo entre el desarrollo de las partes del pabellón auricular y las correspondientes zonas reflejas corporales.

Por ejemplo, el primer órgano que se diferencia en el embrión es la llamada cuerda neural, destinada a constituir en el futuro la médula espinal. Pues bien, la zona refleja de la médula espinal es el hélix, y el hélix es la primera parte de la oreja que se forma en el embrión.

Pero existe una pequeña diferencia: la sincronización no es completamente perfecta ya que el desarrollo de las porciones auriculares va con un retraso aproximado de una semana respecto a las partes corporales. La tercera cuestión que se planteó entonces era tratar de averiguar dónde residía la dirección de ambos desarrollos. Había una teoría que parecía bien fundada.

En el año de 1935, en el curso de una investigación realizada en los Estados Unidos, se habían encontrado unas células situadas en el cerebro primitivo del embrión a las que denominaron “Blastóforos”. Estas células rigen el desarrollo del embrión.

Si se extirpan los blastóforos del embrión, se paralizaba el desarrollo del mismo. Quedaba pendiente la cuestión de por qué mecanismo se producía la comunicación entre los blastóforos y las células somáticas. Una primera hipótesis hacía intervenir un mecanismo de tipo nervioso, mientras que otra teoría basaba en determinadas sustancias químicas la posibilidad de esa transmisión.

Particularmente interesante desde el punto de vista de la acupuntura auricular era el hecho de la inmediata vecindad entre los blastóforos y la oreja primitiva Posiblemente esta proximidad es muy importante para el desarrollo sincrónico del cuerpo en su totalidad y el pabellón auricular.
Ahora bien, ¿Cuál era la conexión entre los blastóforos y la oreja primitiva?  Todas estas vías nerviosas mantienen una comunicación con el Tálamo.

Según las investigaciones del Dr. Hassler, en el tálamo existe una reproducción completa del cuerpo. Una deducción lógica que nos lleva a pensar que, dado que los blastóforos se transformarán posteriormente en el Tálamo, se mantendrá en el estado adulto esta interconexión del tálamo con el cuerpo y con la oreja a través de diversas vías nerviosas.

Esta teoría aún siendo muy lógica, dejaba un hueco sin llenar: ¿Qué aparece primero, las células de la oreja o los nervios que van a comunicarla? Si suponemos que las células nacen primero, y los nervios vienen después, habrá que sospechar la existencia de otros factores, además de los nervios. Modernas investigaciones han demostrado que se trata de un campo de energía. Las células del embrión son influenciadas por campos energéticos, que funcionan como si crearan un molde de energía vacío y que las células lo irían llenando progresivamente. Cuando el molde está terminado se creará otro nuevo, de manera que una serie de distintos moldes conduciría a la forma final del embrión.

Cuál sería la naturaleza de estos campos de energía es una cuestión aún no definitivamente aclarada, pero nuevos descubrimientos de Popp y de Inyushin demuestran que actúan como una imagen holográfica laser tridimensional.

Los blastóforos poseen su propia capacidad de generar DNA (como todas las células), y la estructura cristalina del DNA determina la imagen holográfica. O sea, que los blastóforos funcionarían, en otras palabras, como un proyector de imagen tridimensional. La proximidad de la oreja a este proyector de imagen condicionaría este sincronismo entre oreja y cuerpo.

La última pregunta que queda por contestar es la razón por la que existen las conexiones entre los blastóforos-tálamo con los nervios principales de la oreja y con la totalidad del organismo, para lo cual no tenemos aún contestación.