El pabellón auicular

Comencemos el estudio directo del pabellón auricular, que será a partir de ahora nuestro punto de enfoque. Si contemplamos con atención una oreja, observaremos que está conformada a la manera de un embudo

Es innecesario decir que este embudo tiene como misión servir al propósito de recoger y dirigir las ondas sonoras hacia el cerebro. El estudio de las ondas sonoras no empieza en los tímpanos, sino en realidad mucho antes, los distintos surcos e irregularidades de la oreja realizan ya una primera selección de las diferentes cualidades de las ondas sonoras que son dirigidas ordenadamente hacia el conjunto auditivo externo, donde una selección más intensa va a tener lugar, realizada por la membrana timpánica.

De ahí podemos deducir que la oreja actuaría a modo de una pantalla de radar, capturando primeramente las ondas sonoras con sus células sensitivas, y dividiendo a estas ondas en Yin y Yang

Las ondas positivas y negativas se desplazan en un movimiento como el de las agujas de un reloj y contrario al mismo, y a medida que se aproximan al tímpano su giro aumenta en intensidad y son conducidas al interior, donde va a tener lugar una posterior selección y distribución. Es verosímil que la forma, la estructura y textura de la oreja externa determinen la calidad de las ondas sonoras que puede percibir.

No le resulta conocer los relieves anatómicos del pabellón. Es fácil la confusión de zonas importantes, y por ello es posible errar en centímetros en la localización de los puntos. Ello es un gran obstáculo para un método terapéutico que debe basarse en la precisión.

Debemos recalcar la dificultad de conocer y reconocer las líneas, dimensiones, los huecos y protuberancias de la oreja. Unas veces examinaremos el pabellón con el paciente en posición vertical y otras acostado. Y este cambio en el ángulo de observación nos va a obligar a una gimnasia mental más difícil de lo que parece.

Todas las orejas son diferentes en sus proporciones relativas. Si bien están construidas sobre un esquema idéntico, los pabellones se diferencian por variedades asombrosas y singulares.

La edad tiene su papel en la modificación de las formas del pabellón, y los años acaban por añadir a las curvas simples que se observan en los jóvenes, pliegues, angulaciones, e incluso modificaciones importantes en las dimensiones relativas de las diversas partes.

El pabellón presenta una cara visible, prácticamente paralela a la superficie de la zona del cráneo en la que se inserta: es la cara externa o lateral. Y una cara oculta, situada frente a la región mastoidea. Es la cara interna, que a veces se denomina porción retro-auricular del pabellón
Y desde el punto de vista funcional podemos considerar una tercera cara, comisural, que engloba la cara externa del trago y la zona vecina de la mejilla.

La mayor parte de la oreja es libre y flotante. Su parte media y anterior está fija a la piel del cráneo.
En su parte flotante debemos distinguir dos partes: una, antero-superior, que posee una estructura cartilaginosa, mientras que la región postero-inferior está formada solamente de tejido adiposo, blando y ligero

En el estudio de la cara externa apreciamos primeramente, en el centro, una excavación llamada la concha, en forma de embudo, que se continúa con el conducto auditivo externo. Viene a tener unos 20 milímetros de ancho y algo más de alto.

Alrededor de la concha se distribuyen diversos salientes; el hélix, el antehélix, el trago, el antitrago y en su parte inferior el lóbulo.