El consumo mutuo del Yin y del Yang

El Yin y el Yang están en un estado constante de equilibrio dinámico, que se mantiene por un continuo ajuste en los niveles relativos de Yin y de Yang.

Cuando uno de ellos, ya sea el Yin o el Yang, está en desequilibrio, necesariamente afectará al otro; un nuevo equilibrio se establece entonces mediante un cambio de proporción.
Además del estado normal de equilibrio entre el Yin y el Yang, existen cuatro posibles estados de desequilibrio:


El intercambio entre el Yin y el Yang debe ser armonioso. Si bien en determinados momentos es posible que uno de ellos destaque sobre el otro, hay que mantener un equilibrio global. Si este equilibrio se ve perturbado de forma permanente, entonces aparecen las enfermedades o la salud se vuelve precaria

Si hay demasiado yin o muy poco yang, se produce una deficiencia de yang y aparece la enfermedad. 
Por ejemplo, si en el estómago hay demasiados alimentos (es decir, predominio del yin) o si la función digestiva del estómago no se desarrolla adecuadamente (muy poco yang), la persona cae enferma, por más que un examen médico indique que no "hay nada malo" en la estructura (yin) del estómago. Este desequilibrio del yin y del yang provoca la enfermedad, se debe a una deficiencia de yang. 

La enfermedad también se puede deber a una deficiencia de Yin. La deficiencia de Yin (debilidad del Yin) puede ser resultado de una debilidad de Yin o de un predominio de yang. Nuestra resistencia natural a las enfermedades se considera yin. Por algunos motivos, como el exceso de preocupación o de cansancio, esta resistencia se debilita y se puede producir una debilidad del Yin, como consecuencia de la cual no podemos hacer frente a los factores patógenos que nos rodean. Este desequilibrio del yin y del yang provoca la enfermedad que se debe a debilidad del yin que a su vez se debe a una insuficiencia de yin. 

Hay que tener en cuenta que en este caso la cantidad o la potencia de los factores patógenos siempre es la misma. En circunstancias normales, estos factores patógenos, que se representan como yang, no nos perjudican. Sin embargo, en este ejemplo en concreto enfermamos, pero no porque se haya producido un aumento de cantidad o de potencia del factor patógeno sino porque ha disminuido nuestra propia resistencia yin.

La debilidad del yin también es fruto de un predominio del yang. En otras palabras, nuestro yin sigue siendo el mismo. Nuestra resistencia natural contra las enfermedades no ha variado, pero hay demasiado yang, es decir, se ha producido un incremento tremendo en la cantidad o potencia de los factores patógenos. Esto puede ocurrir cuando sufrimos una herida, que permite la entrada en el cuerpo de una cantidad excesiva de bacterias o cuando consumimos demasiados alimentos contaminados o hemos inhalado bacterias de una cepa muy potente. Entonces, nos ponemos enfermos por una debilidad del yin, en este caso, debido a un exceso de yang.

La deficiencia del yin se suele manifestar en forma de estados febriles, sensación de irritabilidad y angustia, mucho sudor, un metabolismo rápido y un funcionamiento excesivo de otros procesos fisiológicos.

Las manifestaciones o síntomas de la deficiencia de yang son la sensación de frío, el nerviosismo, un sudor incesante, la pasividad, un metabolismo lento y un funcionamiento deficiente de los demás procesos fisiológicos.

La deficiencia se puede remediar mediante métodos como "aumentar" y "tonificar", mientras que el exceso se puede reducir mediante métodos como "limpiar" y "dispersar".